Fallecio a los 94 años doña Rosa Pérez Moreno, madre de José Manuel Vega

Amado Moreno //

Con el templo parroquial de Santa María de Guía lleno de familiares y amigos se ofició el lunes un funeral por doña Rosa Pérez Moreno, viuda de don Martín Vega Mateos, fallecida la noche del viernes último a los 94 años de edad.

Perteneciente a una conocida familia guiense, distinguida por su espíritu emprendedor y solidario, su sepelio había constituido en la mañana del domingo una concurrida manifestación de duelo, primero en el tanatorio de la ciudad norteña, y, posteriormente, en el cementerio de La Atalaya, donde se procedió a su inhumación, tras un responso en la iglesia de Guía en la misma jornada.

Sus tres hijos, Rosa María, Martín y José Manuel Vega Pérez, este último profesor y vicepresidente de la Asociación de Enseñantes de Europa, con sede en Estrasburgo, recibieron múltiples condolencias de dentro y fuera del municipio, por la pérdida de su inolvidable y querida madre, ejemplo de altruismo y abnegación familiar en el histórico y entrañable barrio de San Roque, donde tenía su domicilio. “Mujer admirable con una fuerte personalidad, era un auténtico baluarte para todos nosotros”, chateó con pesadumbre tras conocer su muerte la profesora y vecina del mismo núcleo, María Teresa Ojeda.
Doña Rosa Pérez Moreno había destacado en su actividad artesanal como la continuadora de una tradición familiar en la elaboración de una exquisita repostería de éxito para el consumo local, como ha sido documentado en un interesante estudio por el archivero municipal, Sergio Aguiar.

A comienzos del siglo XX las mujeres eran las encargadas mayoritariamente de las tareas de pan y dulces en Guía. En 1905 seguían ocupándose de esta producción Bonifacia Báez, junto a Isabel Suárez Merino y sus sobrinas Peregrina y Angélica Sosa Suárez.

Será a finales de los años 20 del pasado siglo cuando la “industria panadera y dulcera” incrementa su producción. Aumenta el número de hornos con cierta capacidad. De los dos registrados en la contribución industrial del bienio 1923-24 se pasa en 1929 a cinco hornos, “uno de ellos a nombre de Manuel Pérez Benítez. A su esposa, Carmen Moreno Perdomo, en el apartado de profesión correspondiente al padrón de 1930 se le asigna la de dulcera.
Es la primera vez que en un acta del ayuntamiento guiense se emplea este término, del que se deduce entre otras cosas que la respostería ya estaba consolidada en el municipio dentro del área de la panadería, precisa Sergio Aguiar sobre los inicios de la especialidad por los progenitores de Rosa Pérez Moreno, labor y tradición gastronómica que ésta y sus hermanas afianzaron después con notable aceptación.

Se añade que de hecho en el padrón de habitantes de 1930, donde hay 22 personas a las que se les reconoce el oficio de panaderos, ya aparecen totalmente consolidados tres establecimientos del casco de la ciudad relacionados. Uno de ellos, la panadería de Manuel Pérez Benítez en la calle Pérez Galdós 46, pionero de la saga familiar y padre de Rosa, fallecida el pasado fin de semana.

En los años 40 del siglo XX sube ligeramente la cifra de mujeres dedicadas a la repostería en Guía, y en los censos de población ya se normaliza la denominación de dulcera o repostera. Entre 1940 y 1944 las mujeres inscritas son Carlota Galván Osorio, Carmen Moreno Perdomo con sus hijas (Rosa Pérez Moreno, entre sus otras hermanas), y Eleuteria Santiago Suárez.

La trayectoria descrita y la calidad humana de la fallecida explican sobradamente el sentimiento colectivo que ha provocado en el municipio guiense su desaparición.


*Publicado en La Provincia

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