Paquito Gordillo o el altruismo en estado puro

Francisco Gordillo Moreno, Paquito Gordillo, nació en San Juan de Guía el 19 de octubre de 1936. En 1952 se inicia en las labores de ayuda al fútbol base en su barrio natal, donde funda un equipo de fútbol. Recuerda que algunos niños jugaban al fútbol descalzos, debido a las penurias de la época.

En este sentido, señala que por entonces los niños se incorporaban con 14 años al trabajo, de ahí las dificultades añadidas para motivarles hacia el deporte. Tampoco tenían un campo en condiciones, jugaban en un terreno con dos palos como portería, cerca de la ermita de San Juan. En 1954 funda otro equipo en el Albercón de la Virgen. Por aquellos años, los suyos competían con otros equipos de Guía, como el San Roque, La Plaza, el Terry o el Callejón del Molino. Hace hincapié en los enfrentamientos entre el San Juan y el San Roque, resaltando las buenas maneras futbolísticas de los chiquillos de este último, de quienes dice “jugaban de maravilla”. Confiesa que le impresionaron y que pocos se ocupaban de ellos como merecían.

En agosto de 1966, con la inauguración de los bloques de viviendas sociales de San Roque, en las que resultó adjudicatario, traslada su residencia al casco de Guía, incorporándose inmediatamente al equipo de su barrio. Fundó el Infantil San Roque, que se afilió a la Federación de Fútbol en 1967 y subraya que a instancia de don Juan Santana, profesor de educación física del Instituto de Guía, extendió las actividades de su equipo a los niños del INSTITUTO, el segundo Instituto de Educación Secundaria  que se implantó en Gran Canaria, inaugurado en 1951, siendo alcalde Juan García Mateos.

Con el Infantil San Roque ganó la liga del norte y jugó la final contra el Arenales en el estadio López Socas de Las Palmas de Gran Canaria en un partido memorable que este entrevistador presenció. La mala fortuna cara al gol, frente al acierto del rival en las escasas ocasiones de que disfrutó, dio la victoria por 1-0 al Arenales.

En 1968 contribuye a fundar el Juvenil San Roque, que se nutrió de los bravos y “jugones” del Infantil. Con aquel ganó la Copa Luís Molonny, trofeo que don Bruno, el párroco, se ofreció a colocar en el Camarín de la Virgen, donde aun puede verse. Posteriormente funda el equipo alevín, en el que  este entrevistador jugó de lateral izquierdo a mediados de los sesenta. Llegó a tener 60 niños en una misma categoría, lo que obligó a repartirlos en varios subequipos: “A”, “B”, etc… En este punto, Paquito me dice que siempre inculcó a los jugadores el afán competitivo y el juego limpio, aspectos que recordaba con ahínco a sus jugadores en los enfrentamientos que se daban entre equipos del mismo club. En 1970 el San Roque se convierte en filial del U.D. GUÍA.

Y todo esto ocurría mientras Paquito Gordillo trabajaba -de sol a sol- para una empresa constructora de Las Palmas de Gran Canaria, lo que nos da la medida de su esfuerzo. Obviamente le quedaba poco tiempo para dedicar al fútbol-base, que se veía limitado a las noches. Recuerda que en el campo no había luz, “entrenábamos a oscuras”, salvo en aquellas ocasiones en que se congregaban varios coches de padres y colaboradores, quienes orientaban los faros de los vehículos al campo de juego.

El primer entrenador con el que colaboró fue Pepe Luís Estévez. De éste guardo recuerdos afectuosos de las innumerables tardes que compartí con él acompañando a los equipos Infantil y Juvenil como fan número 1. Pepe Luís era un auténtico padrazo y mejor técnico. Usando los modelos actuales, podríamos asimilarlo al estilo Irureta frente al de Capello. También tenemos mucho que agradecerle. En cuanto a los jugadores, me acuerdo de Paco Moreno con aquella forma vertiginosa de internarse por la izquierda: peligro seguro; Juan Francisco Castellano, interior derecho, técnica depurada y gran rematador de cabeza; Chanin Aguiar, mi primo, en el medio centro, estilo Darino, jugador técnico con gran visión de juego; KiKo Guerra en el centro de la defensa: o pasa el delantero o pasa la pelota, un seguro atrás. Y, sobre todo, Pepe Luis el de Juan Simon, grandísimo jugador, con regates mágicos y gran disparo a puerta, e Isaac el de Periquillo, centrocampista, organizador al estilo Valerón por el que pasaban trodos los balones.

Paquito también ejerció como asistente de Tomas Ramos, del que dice “le ayudó mucho”. De entre los directivos que conoció hace una especial mención a Juan Castellano (padre de Carlos Castellano, excelente centrocampista), quien fuera presidente durante muchos años y al que dedica los mayores elogios; también a Juan Eugenio del Toro y a Paquito Vega, “Paquito El Canuto”, que ponía su bar de San Roque a disposición del equipo pa´ lo que hiciera falta; a Teodoro Álamo, Teo, y a su hijo Juan Miguel, entre otros, me dice, que otro día nombrará. De “Paquito El Canuto” pueden ver una semblanza en el apartado personajes populares, obra del gran memorialista guiense Juan Dávila.

Todo esto me trae a la memoria imágenes de los domingos por la tarde, cuando la UD LAS PALMAS jugaba en el Estadio Insular. En la Plaza de San Roque se daban cita todos los aficionados del barrio. Los coches particulares de que se disponía -no todo el mundo tenía uno o varios como ahora- iban desfilando y llenándose de pasajeros. Y “pal` furbo”. Paquito el Canuto era el termómetro del sentir amarillo, condición que siempre compartió con René del Pino, “amarillo por dentro” según sus propias palabras. Rememorando estos hechos llego a la conclusión de que mi sentimiento por el quipo amarillo me fue inoculado de forma intravenosa entre Paquito y René. Mi padre, Antoñito El Canuto, se ocupaba del resto. La imagen de mi padre rematando a gol desde la grada la tengo grabada en … mi tobillo.

Santiago Gil me ha recordado que él también formó parte de esa jauría de chiquillos con camisetas desteñidas, campos de tierra o barro, y mucho romanticismo futbolístico. Recuerda a Paquito improvisando alineaciones y dándonos las camisetas en el portal de su casa antes de salir para La Atalaya. No recuerda si fue de benjamín o de alevín, pero lo “pusieron” de extremo derecho y nadie le había explicado antes lo que era el fuera de juego; el pobre Paquito le hacía señas para que se viniera para atrás y él le decía que estaba de delantero y no miraba más que para la portería contraria.

Paquito Gordillo era y es un hombre sencillo entre los sencillos, querido y dulce en el trato, admirado y respetuoso, altruista y humilde, una especie en extinción. En los inicios del nuevo milenio se jubiló de todas sus ocupaciones, pero sigue escuchando “Carrusel” todos los domingos por la tarde frente a la Tienda de Violeta.

Todos los guienses que tenemos entre 15 y 90 años estamos en deuda con él. El resto también.

 

De mi conversación con Paquito el 25 de marzo de 2007 en “Casa Violeta” (San Roque, Guía)

Antonio Aguiar

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