Vivencias de nuestra gente n° 81: hasta donde puede llegar la maldad de una persona

Por José Juan Jorge Vega //

Queridos amigos. Esta es la última vivencia de mi colección que empecé a publicar en esta web a finales de 2.016 gracias a la invitación que me hizo Antonio Aguiar por esas fechas. Muchas gracias por la acogida tan generalizada que han tenido mis historias.Saludos cordiales para todos.

Esta vivencia no tiene nada de graciosa; en realidad es cruel y demuestra hasta donde puede llegar la maldad de una persona. La persona que hizo esto, pensamos que una mujer, tenía como único objetivo hacerle daño a mi madre y quizás también a mí. Pero, ¿cuál podría ser el motivo?. Quizás por envidia o por alguna otra razón inimaginable. Lo que sí tengo claro es que no se trató de una broma de mal gusto.

Les cuento la historia tal cual ocurrió: Esto sucedió en el verano del año 1.976. Estaba yo trabajando tranquilamente en la oficina de la empresa en la que trabajaba desde hacía poco más de un año, cuando me llamó mi madre por teléfono llorando y gritando que apenas le entendía lo que me quería decir. Me asusté muchísimo al oírla en ese estado y cuando al fin pude entenderla me dice entre sollozos: “Pepe corre para tu casa que me acaba de llamar tu hija Sonia diciéndome que había fuego en la casa y que estaban solos ella y Pablo”. Se pueden imaginar como me quedé?.

No sabía que hacer y mi primera reacción fue la de salir corriendo a coger el coche para ir a mi casa, pero antes de llegar a la puerta de salida de la oficina me di cuenta de que no llegaría a tiempo porque estaba muy lejos de casa, pues la oficina estaba en el Puerto. Después pensé en llamar a los bomberos, pero tampoco llegarían a tiempo de salvar a los niños si la casa ya estaba ardiendo. Luego reaccioné y decidí llamar por teléfono a la vecina de enfrente, doña Remedios, que después de oírme lo del fuego en la casa salió corriendo y empezó a tocar el timbre de mi casa insistentemente; le salió a la puerta mi hija Sonia.

Enseguida me la puso al teléfono y me dijo que estaba todo bien y que estaban viendo los dibujos animados en la tele. Que mamá había ido al supermercado hacía un momento. Sonia entonces tenía ocho años y Pablo unos seis y eran muy responsables y obedientes. Le pregunté si había llamado a abuela Lola y me dijo que no. Le dije que le dijera a mamá que me llamara cuando llegara y después de colgar rompí a llorar como un desesperado, debido a la gran tensión que estaba sufriendo y al constatar que no sucedía nada. Menos mal que en ese momento estaba solo en la oficina.

Me di unos minutos para tranquilizarme y luego llamé a mi pobre madre para tranquilizarla. Ella seguía llorando desesperada pensando en lo que les habría ocurrido a sus queridos nietos. Cuando logré tranquilizarla diciéndole que los niños estaban bien y que no hubo ningún incendio, le pregunté que de donde había salido esa noticia del fuego.

Entonces mi madre, que en ese momento se encontraba sola pues mi padre estaba trabajando, me explicó que había recibido la llamada de una niña que le decía, angustiada: “Abuela, abuela, soy Sonia. Estamos solos Pablo y yo y hay fuego en la casa”. Y sin más detalles corto la llamada. Fue entonces cuando, desesperada, me llamó a mí.

¿Pudo haber sido una broma? ¿Pero a quién se le ocurre gastar una broma de ese calibre?. Luego, más tarde, con la cabeza fría ya, saque la conclusión de que la persona que lo hizo fue con intención de hacer daño a mi madre y a mí, pues estaba claro que sabía que mi madre me llamaría de inmediato a mí.

Al final todo resultó ser una maldad. Un susto de infarto. Estuve pensando mucho tiempo a ver si podía descubrir quién pudo haber sido. Llame a Telefónica a ver si podía identificar el número pero me dijeron que esa información solo se podía dar por orden judicial. Pero como no tenía a nadie a quien denunciar….. incluso llegue a sospechar de un par de señoras, pero como no se podía demostrar nada lo dejé correr hasta que lo pude sacar de mis pensamientos.

Aún hoy, al rememorarlo, me parece mentira que puedan haber personas tan ruines.

Mi hija Sonia me ha recomendado que no la publique, porque ya tenemos bastantes cosas negativas durante la vida diaria como para yo darles una más a aquellos que lean esta vivencia. Pero, como esto ocurrió en mi pueblo, creo que es necesario que se sepa.

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