Pilar Rodiles

Santiago Gil //

Una retrospectiva es un viaje en el tiempo en donde lo vivido se une a lo creado, a lo que no existía antes de que alguien rebuscara más allá de lo visible, donde no había nada, ni siquiera un atisbo de lo que luego se termina convirtiendo en arte.
Y el arte, la búsqueda de la belleza, es quizá uno de los pocos senderos que conducen a otra concepción de la existencia, la que no estaba prevista, la que nunca puede repetirse aun insistiendo una y otra vez en los mismos recorridos. Cada creación pictórica, cada escultura, cada novela, son siempre únicas e irrepetibles, para quienes crean y para quienes luego se asoman a lo que queda de esa búsqueda más allá de las lindes de lo que vemos cada día.
Pilar Rodiles lleva muchos años buscando pacientemente, creando, asomándose a sus grabados y sus adentros. Siempre que paso por delante de su estudio la veo reconcentrada atisbando un color nuevo en una lámina, trabajando el metal o incorporando emoción donde solo había tinta y un papel o un lienzo en blanco.
Estos días podemos contemplar buena parte de su obra gráfica en la retrospectiva que se exhibe en el CICCA, en la Alameda de Colón. Su obra, desde 1993 a 2019, es un recorrido por el propio camino que ha emprendido la artista a lo largo de estos años.
Ella ha seleccionado las piezas, todos los grabados que definen sus distintos momentos creativos, pero cada uno de nosotros hará luego ese mismo camino reconociéndose en sus series, en esa sombra de lluvia que da título a uno de sus últimos proyectos, en los colores vivos e intensos, y también en el claroscuro que fue dejando una estela de melancolía entre una vida y otra vida: porque vivimos muchas existencias todo el tiempo, y no siempre somos los mismos, ni ahora, ni cuando nos marchemos para siempre dejando solo lo que amemos, lo que vivamos intensamente y lo que creamos para dejar pistas de nosotros mismos en ese abisal espacio al que se parece tantas veces este planeta, un punto de luz entre millones de puntos desconocidos, por el que transitamos persiguiendo utopías. Georges Braque decía que el arte era una herida hecha luz.
No es que haya que sufrir para crear, pero sí que la creación es una rebeldía ante lo desconocido. Pilar ha sufrido algunos de esos golpes de la vida últimamente, y su rebeldía ha sido la búsqueda de la belleza de la que hablaba al principio. Me gusta pasar por su estudio, y verla sin que ella sepa que la estás viendo hasta que no se da la vuelta o la llamas.
Esa mirada ante sus grabados, la concentración que parece querer dar más o menos intensidad a lo que está observando, es la magia y la alquimia de la artista, de quien lleva muchos años insistiendo en el arte de querer vivir más allá de lo que vemos, y justamente en esa esa búsqueda incesante está el extraño destello que nos salva del tedio y de lo umbrío.

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