Acantilados del Mármol y del Río

Los riscos de Guía conservan los únicos ejemplares en el mundo de una variedad de la piña de mar


por Jesús Montesdeoca

Los últimos ejemplares de una rara variedad de la piña de mar, la ‘Atractylis arbuscula schizogynopylla’, un endemismo del Archipiélago en grave peligro de extinción, resisten aislados en un precipicio de la costa norte de Gran Canaria. Para preservar esa especie vegetal única en el mundo, además de dar a conocer los tabaibales dulces y el abrupto paisaje litoral, el Plan Insular de Ordenación (PIO) de Gran Canaria propone la declaración de los Acantilados del Mármol y del Barranco del Río como nuevo espacio natural protegido y recomienda la figura de Sitio de Interés Científico.

Los Acantilados del Mármol son desconocidos para una gran mayoría de los grancanarios y para los propios vecinos de Santa María de Guía, aunque para asomarse a sus precipicios solo hace caminar diez minutos por una pista de tierra desde la antigua carretera del norte, a la altura de Albercón de la Virgen. El Barranco del Río sí es más popular entre los pescadores de caña y los senderistas, aunque poca gente llega ahora hasta la orilla del mar y los antiguos caminos van desapareciendo bajo la vegetación, explica Ricardo Padrón, vecino de Guía.

“Antes, los jóvenes y niños del pueblo bajábamos por estos riscos y nos bañábamos en unos charcos que hay al final del barranco, pero ahora ya no viene mucha gente por aquí”, comenta Padrón, encargado general del Ayuntamiento guiense, que se ofrece a mostrar los dos accesos principales al futuro espacio natural y advierte de la peligrosidad de algunos senderos interiores, al borde del abismo.

Para llegar al Barranco del Río hay que atravesar el barrio de Llano Parra y llegar a las últimas casas y fincas, desde donde ya se divisa el cauce, la antigua presa de Ávalos y los acantilados del Río, un impresionante desnivel no recomendable para personas con vértigo. Los senderos se mantienen visibles por el paso de excursionistas de fin de semana y por los cazadores.

“Antiguamente también venían los pescadores porque es una zona solitaria y rica en pescado, pero después había que cargarlo por estas cuestas y era un trabajo muy duro”, rememora Padrón.

El embalse de Ávalos y otro más pequeño cerca de la costa muestran signos de abandono, aunque por el fondo del barranco corre un hilo de agua que mantiene verdes los cañaverales. Las presas se llenaban con las lluvias y luego se bombeaba el agua hasta las fincas de Llano Parra y de Guía.

La única entrada a los Acantilazdos del Mármol es una pista de tierra que pasa por debajo de Autovía del Norte, a la altura de la zona industrial de Albercón de la Virgen, y discurre entre el precipicio y las antiguas fincas de plataneras del Angosto, propiedad de la familia Sansó. Una pequeña parte del terreno está ahora plantado de coles. El resto es suelo baldío. Una cantonera y algunos muros caídos son los únicos recuerdos del esplendor agrícola.

Y en la ladera, en una superficie de unos 600 metros cuadrados, sobreviven un millar de ejemplares de una variedad de la piña de mar que solo existe en esa costa del municipio de Santa María de Guía.

El listado de especies amenazadas define la Atractylis arbuscula como “un raro endemismo canario” que cuenta con dos variedades: la arbuscula, que solo crece en la isla de Lanzarote, concretamente en los riscos de Famara; y la schizogynophylla Sventenius & Kahne, superviviente en el Acantilado del Mármol. La variedad grancanaria ha desaparecido en otros lugares del norte de la Isla, en los que había sido recolectada u observada. Es un pequeño arbusto, de hasta 50 centímetros, con hojas rígidas, plateadas y espinosas, y flores rosadas o blancas, también conoce como piñamar mayor. Figura en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas y en el Catálogo Canario de Especies Protegidas en la categoría de en peligro de extinción.

Delimitación

El documento del PIO elaborado por el Cabildo, que se encuentra en la fase de información pública hasta finales de octubre, recoge esa preocupación y plantea al Gobierno de Canarias una mayor protección de su hábitat. El artículo 189 de la nueva normativa recoge como delimitación los Acantilados del Mármol -ya declarados como Zona de Especial Conservación ( ZEC)-; el llano denominado El Angosto, situado sobre los mismos; y el Barranco del Río, al sur de dicho llano.

El gobierno insular de Antonio Morales justifica la propuesta por “la presencia de la población de la especie amenazada Atractylis arbuscula var. schizogynopylla, localizada en unos acantilados con vegetación rupícola de gran interés, y una excelente muestra de tabaibal dulce en el Barranco del Río”. Por último, recomienda la figura de Sitio de Interés Científico.

El alcalde de Santa María de Guía, Pedro Rodríguez, respalda sin ninguna duda la declaración de espacio protegido, el segundo que tendría el municipio junto a Reserva Natural Especial de El Brezal, y considera que el principal objetivo es preservar el hábitat de la piña de mar para impedir que desaparezca definitivamente.

Puesto que se trata de un “ecosistema muy frágil”, apunta el regidor, el gobierno municipal no se plantea la protección de los acantilados como un recurso turístico, porque además se trata de una superficie pequeña y de difícil acceso, lo que obligaría a inversiones costosas y contrarias a la preservación del hábitat. De hecho, lo más aconsejable ahora es mantener la colonia de la piña de mar bien alejada de cualquier actividad humana.

Los Acantilados del Mármol, por inaccesibles, se encuentran en su estado primitivo, pero el Barranco del Río y Los Llanos del Angosto requirirían una restauración medioambiental para poder ser utilizados como reclamo turístico, como sí ocurre con El Brezal de Santa Cristina o los espacios naturales de los municipios limítrofes.

Los amantes de la naturaleza ya disponen de varias rutas senderistas por el interior del Barranco del Río hasta la presa de Ávalos y las charcas de la costa. En las cuevas del litoral es fácil ver aves como la pardela o el halcón tagarote.

La Federación Ecologista Ben Magec considera “apropiada” la figura de Sitio de Interés Científico porque incluye unos protocolos que restringen el acceso a las especies amenazadas, según explica su portavoz, Eugenio Reyes. A su juicio, una vez que se garantice la protección de la piña de mar se podrían plantear rutas por la periferia de los acantilados para observar sus valores naturales.

publicado en La Provincia el 30/09/2017

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