Mi amigo Juan Manuel. El vino y los mejillones

VIVENCIAS DE NUESTRA GENTE NÚMERO 8. Autor: José Juan Jorge Vega.

Juan Manuel ha sido uno de mis mejores amigos. Hemos vivido ratos inolvidables tanto aquí como en varios viajes a las islas que hemos hecho junto a nuestras esposas. Vive en Telde y generalmente nos hemos entendido a la perfección. Un día hablando de anécdotas e historietas, me cuenta dos vivencias suyas que son muy simpáticas y que me apetece contárselas.

 

Anécdota número 1.- Según me contó, en una época no muy lejana, veraneaba junto con su esposa y sus tres hijos en La playa de Salinetas, del término municipal de Telde, en donde tenía una casa para tal fin, en la que se pasaba prácticamente todo el verano. Allí lógicamente tenía muchos amigos y conocidos tanto de Telde como de otras partes de la isla que iban también de veraneo. Así qué casi todos los días a eso del mediodía se reunían en un bar que había en la zona para charlar un rato con los amigos y para tomarse un aperitivo antes de irse cada uno a sus casas a comer. Entre ellos había un tal Antonio que decía ser de Las Palmas capital y que apenas conocía pues era el primer año que veraneaba allí. Pero al verse todos los días en el mismo sitio fueron haciendo cierta amistad y se tomaban el aperitivo juntos. Antonio presumía mucho de ser un buen conocedor de vinos y que últimamente solo estaba tomando un ribera crianza marca “X” cuya cosecha tenía la clasificación de excelente. El resto de los amigos y yo, me  contaba Juan Manuel, ya estábamos un poco cansados de las palizas que nos daba con el dichoso vino, pues cada vez que lo tomaba se ponía a hablar de sus excelencias girando la copa de balón que siempre exigía para que viéramos el color y las lágrimas del vino. Parecía un catador profesional y continuamente nos daba la tabarra para que tomáramos vino en vez de whisky.

Así qué un buen día en que Antonio se había retrasado y en combinación con el cantinero, que también estaba hasta el gorro de él por sus tantas exigencias: que si la copa de balón tenía que estar totalmente limpia y transparente y que siempre le obligaba a pasarle una vez mas el paño; que si la temperatura ideal del vino era de 17 grados y que había que meter la botella dos minutos en el frío para alcanzar esa temperatura; que si el corcho hay que sacarlo de esta o aquella forma para que no caigan trozos dentro; que si después de abierto había que dejarlo oxigenar; vamos que estaba hasta las narices del tal Antonio, pues encima era un tacaño a la hora de la propina. Así que en cuanto Juan Manuel propuso la broma que le querían gastar se frotaba las manos de entusiasmo. Cogieron una botella vacía  de la marca que él bebía y la rellenaron con un vino barato de Bodegas San Antón, que se envasan en Gáldar, en tetrabrik y que más bien se utiliza para cocinar algunos tipos de comidas, y le metieron un tapön de corcho, cortando el que sobraba para que no se notara la jugarreta. Estaba todo preparado y nosotros, incluido el cantinero, expectantes pues lo que queríamos saber es sí este Antonio era un conocedor experto de vinos o era un farsante presumido.

Al cabo de un rato aparece el tal Antonio y después de los saludos habituales, pide su copa de balón en las condiciones habituales y su vino de costumbre. El camarero después de hacer el descorche, y de esperar unos minutos para que el vino “se oxigenara” le sirve su copa. Como siempre Antonio lo mira levantando y girando la copa en el aire y luego lo cata, lo saborea en la boca antes de tragárselo, para seguidamente dar una exclamación de total aprobación de la calidad del vino. Imaginen como estábamos todos disimulando con nuestras copas, haciéndonos los distraídos. Pues bien, Antonio se tomó más de la mitad de la botella que le habíamos preparado sin pestañear. Vamos, disfrutándolo y haciendo los elogios acostumbrados.

Había que ver la expresión de Antonio cuando el camarero le enseño el tetrabrik, (envase de cartón), de Bodegas Viejo Anton, y le dicen que ese era el vino que en realidad se había bebido. Después de las risas de todos, Juan Manuel, que no tiene pelos en la lengua, le espetó entonces: “Antonio tu lo que eres un fantasmón que vienes aquí a presumir de experto en vinos, creyendo que nosotros somos unos pobres ignorantes, cuando en realidad no tienes ni la menor idea. “Mejor te buscas otra compañía porque ya aquí te conocemos”. Antonio, que no sabía donde meterse, colorado como un tomate, dio media vuelta y no le vieron mas.

 

Anécdota número 2.- también ocurrió en Salinetas. Juan Manuel era un buen submarinista y le gustaba también mariscar para hacer sus paellas con los mariscos frescos recién cogidos de la marea. Así qué un día le dijo su mujer que porque no iba y le traía unos mejillones para la paella que iba a preparar ese día. Se va Juan Manuel a la playa en bañador como estaba casi siempre y se acuerda donde vio unos mejillones de un tamaño ideal. Se tira al agua y entonces se da cuenta de que no llevaba la red para ir depositando los mejillones. Y se dice: total como sólo van a ser ocho o diez me los echo dentro del bañador. Y así lo hizo hasta que un mejillón término de cerrar la concha mordiéndole la piel de un testículo y el dolor que sintió de inmediato era insufrible, por lo que el pobre amigo sale corriendo del agua aguantando el dolor hasta que llega a la casa y se quita el bañador quejándose de lo mal que se sentía. Su mujer llama a uno de los amigos que trae un destornillador para intentar abrir la dichosa concha que aprisionaba el huevo de Juan Manuel. Me contaba que tardaron varios minutos en partir la dichosa concha, pero que lo paso fatal.

De aquello, como no podía ser menos, se enteró toda Salinetas y todos se partían de la risa, no por el dolor que el pobre pasó, sino por su ocurrencia. Uno de los amigos muerto de la risa le decía: Pero Juan Manuel tú has visto alguna vez comer huevos con mejillones?, es que no se pueden mezclar.

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