Dos grandes futbolistas de Guía: Pepito Caballero y Rogelio Calero

VIVENCIAS DE NUESTRA GENTE NÚMERO 2. Autor: José Juan Jorge Vega.
En los años 50/60 del siglo pasado, Guia tenía un equipo de fútbol que era la envidia de todos los pueblos de la isla. Hasta el punto que le llamaban el Real Madrid del Norte. Recuerdo sobre todo los partidos entre el F.C. Guia y el Unión Moral de Galdar, también un buen equipo, que eran de infarto. Los campos de fútbol de La Atalaya o el de Barrial se llenaban a rebosar. También había una afición tanto en Gáldar como en Guia que arropaban al equipo y les mostraban mucho cariño. A veces se producían algunos encontronazos entre ambas aficiones, motivo por el que siempre habían varias parejas de guardias municipales o de Guardias Civiles.
De entré todo el plantel del U.D. Guia, en esos momentos las estrellas eran Pepito Caballero y Rogelio Calero. Tenían tanta calidad que un día viene un ojeador del U.D. Cádiz y se quedo prendado del equipo y sobre todo de los dos jugadores nombrados. Aclarar que el Cádiz estaba entonces en primera división.
Una vez acabado el partido el citado representante del Cádiz habla con Pepito y con Rogelio, después de haberle pedido permiso al Presidente del Club como es obligado, y les manifiesta sus intenciones, que no son otras sino ficharles para su equipo; pero claro antes de firmar los contratos tienen que desplazarse a Cádiz para el reconocimiento médico y técnico. Los jugadores estaban muy sorprendidos pero también muy ilusionados. Así que les dicen al técnico gaditano que les dieran unos días para pensarlo y consultarlo con las familias y con el Club. Este, el club, lógicamente accede y acuerdan un día para reunirse con el representante del Cádiz y decidir.
Llegado el día se reúnen y tanto Pepito como Rogelio, con el permiso de su familia y del Club, dan el consentimiento para desplazarse a Cádiz a pasar esas pruebas médicas y técnicas. El citado técnico les emplaza de nuevo para dentro de unos días para el tener tiempo de sacar los billetes del barco y el dinero del banco para los gastos de cada uno, pues tenían que estar en Cádiz entre ocho y diez días.
A los pocos días les hace entrega de los billetes de ida y vuelta en el barco y de una cantidad generosa de dinero para que tuvieran suficiente para los gastos. Después de cuatro agotadores días de navegación llegan al Puerto de Cádiz. Buscaron un hotel que no fuera muy caro y una vez descansados salen a dar una vuelta por la ciudad. Se tomaron sus copas, cenaron y se divirtieron de lo lindo. Lo pasaron tan bien que repitieron una y otra vez hasta que se gastaron todo el dinero que llevaban.
En el C.D.Cádiz les esperaban todos los días. Y así un día tras otro y los dos jugadores que no aparecían ni daban señales de vida. Lo que paso es que una vez sin dinero se fueron para el Muelle y cogieron el barco de vuelta para Gran Canaria, sin haber pasado por el Club Deportivo Cádiz.
Pocos años antes de fallecer Pepito Caballero, con el que yo llevaba buena amistad, le pregunté que si esta anécdota que me habían contado fue cierta o era inventada. Me contesto que fue rotundamente cierta. Pero te matizo, me dijo, que aparte de que nos gustaban las juergas más que a un tonto una tiza, también hubieron otras razones que, aunque no justifica nuestro comportamiento, también influyo en la decisión que tomamos tanto Rogelio como yo, pues ésta fue muy meditada.
Estas otras razones fueron: A). El sentimiento de isleño al verse tan lejos, pues nunca habían salido de la isla. B). Las dudas de sí serían capaces de adaptarse a esa tierra y estar tanto tiempo fuera de su tierra. C). Si serían capaces de adaptarse a la disciplina de un club de primera división, pues a ambos les gustaba echarse alguna copa e irse de juerga de cuando en cuando y D). La nostalgia tan grande que sentían de dejar el Club Deportivo Guia.
Ya se que nuestro comportamiento, me decía, fue perjudicial para el Cádiz al que pedimos disculpas por carta explicándoles lo que había pasado. Lo entendieron.
Así que, siguió contándome Pepito, una vez que nos habíamos decidido a regresar, pensamos también en aprovechar la ocasión y echarnos unas juerguitas en Cádiz hasta que se nos acabaran las perras.
Es cierto que perdimos una buena oportunidad de jugar en un club de primera división, pero la verdad es que lo pasamos de «putamadre».

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