Mara González

Santiago Gil  //

Nos queda la voz, ese eco que confunde luego el pasado con el presente, las vivencias que nos llevan de la mano por el tiempo si cerramos los ojos y dejamos que resuenen los recuerdos. Yo soy un hijo de la radio más que de la televisión. Cuando era niño, en la tele estaba casi todo el tiempo la Carta de Ajuste y solo había un canal en blanco y negro. La radio, en cambio, sonaba a cualquier hora, en todas las casas, en las barberías, en las tiendas, en los bares y donde cosían las modistas entre confidencias y dedicatorias musicales.

El fútbol estaba unido a la radio, y quizá por eso se convirtió para muchos de nosotros en algo más épico y emocionante que cuando lo vemos en directo. La radio era la magia que por más que te explicaban no llegabas a entender, o no querías entender justamente para que no acabara esa misma magia con la que llegábamos a todas partes sin movernos de nuestra casa.

Hubo muchas voces, pero sin duda la de Mara González fue una de las que más marcó a muchas generaciones de esta provincia. Nos acostumbró a escuchar cuentos desde por la mañana, a conocer que había muchos niños que no tenían nuestra suerte y a entender un poco más aquel mundo de los setenta que estaba cambiando tantas cosas sin que apenas nos diéramos cuenta. En aquellos programas de Mara también tenían voz los que no salían en ninguna parte, y sobre todo se contaba lo cotidiano, lo que muchas veces emociona por sencillo, aquello que no sale en grandes titulares y que va cambiando a diario la sociedad que vivimos.

Cuando yo era niño, estaba todo el día marcando el teléfono de Radio Las Palmas. Lo conté cuando hace años me tocó presentar en Guía el acto en el que Mara fue reconocida como Hija Predilecta de su pueblo. Todos se extrañaron de que yo aún recordara aquel número que marqué tantas veces con once o doce años. Gané algunos concursos y dediqué canciones como tantos niños de aquellos años, también conté cuentos y me imaginé muchas veces a los que estaban al otro lado del transistor como seres casi legendarios.

Ahora Mara González se retira de la radio, pero no de nuestra memoria. Seguiremos escuchando su voz por las mañanas como cuando tomábamos el café con leche a toda prisa antes de salir para el colegio. Hablamos largamente hace unos días y coincidimos en que quien tiene suerte de hacer aquello que le gusta vive muchas más veces que el resto de los mortales.

Ella ha tenido esa suerte y nosotros hemos sido unos privilegiados por haber disfrutado tantas veces con sus emociones y con esa pasión diaria que transmitía a través de las ondas. No me gustan las despedidas. Cuando uno cierra los ojos y logra que resuene una voz como si la tuviera delante está eternizando en su recuerdo la memoria de quien habla. Mara  González será siempre una de esas voces que llevaremos en nuestra memoria a todas partes.

 

CICLOTIMIAS

La vida se vive muchas veces cuando se aprende a contar despacio.

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