Sasito, otro personaje inolvidable de la Ciudad de Guía

Por Juan Dávila-García  //

El personaje popular que ahora quiero analizar, lo conocí de siempre. No obstante lo que voy a relatar se puede situar entre mediados de los años cuarenta y cincuenta y cinco del pasado siglo XX, que fue cuando más relación tuve con el.

Saso García, conocido por Sasito, fue una persona que mantuvo una gran amistad con todos los jóvenes de mi generación, especialmente por la relación que nos unía por ser todos miembros de Acción Católica. Sasito era hijo de Faustinito García del Pino, que tenía un molino en el Lomo al lado de lo que hoy es la tienda de Arturo Díaz, además de el estaban sus hermanos Tino y Mercedes, -esposa esta que fue del General ciego Luís Lodos-. Este entrañable personaje tenia una mentalidad algo retrograda, no es que fuera retrasado ni mucho menos solo que sus reacciones solían ser bastantes infantiles. Sus facultades psicomotrices estaban algo afectadas especialmente en sus extremidades inferiores que le producía una cierta dificultad para caminar, cosa que hacía con las puntas de los pies.

Al respecto citar que un buen amigo mío llamado Paco Trujillo, le saco punta a este defecto de Sasito sin menospreciarlo y mucho menos con el fin de burlarse o dañarle en lo referido a su persona, que constituía una frase con el siguiente contenido, decía Paco:

-saben Vds., cual es el colmo de un zapatero ponerle tacones a los zapatos de Sasito-, y efectivamente así era pues como ya he dicho solo utilizaba la punta de calzado para caminar. Era un lector empedernido, sus títulos preferidos, los constituían los TBEOS, las historias del Capitán Trueno, el Jabato, el Pirata Negro, las novelas de Marcial Lafuente Estefanía, Fidel Prado, Billy Barnes, Doc Savage, la Sombra y otros de similares características.

Por encargo de Don Bruno, cura párroco de Guía por aquellas fechas, -aproximadamente las citadas al inicio-, Sasito era el censurador oficial de la parroquia y quien calificaba los números de las películas que se proyectaban en el Cine Hespérides, que iban desde el 1 al 4, pasando por 3 con R, que significaba tres con reparo. Al efecto Sasito asistía a la proyección de prueba de los filmes que se iban a proyectar y el los calificaba a su libre albedrío, los jóvenes siempre discrepábamos de esas puntuaciones que se ponía en un tablón de anuncios dispuesto al efecto en la puerta de la iglesia.

Esos números que Sasito le daba a las películas, tenían el siguiente significado: el 1 apta para todos, el 2 no apta para menores, el 3 apta solo para mayores con relación a su edad y capacidad intelectual, el 3 con reparo se consideraba peligrosa para todos y el 4 no apta para nadie. Como ya he dicho a nosotros los jóvenes que teníamos entre 15 y 18 años nos resultaba cómica la determinación de Sasito, pero es de justicia decir que la mayoría de los parroquianos de la época aceptaban sin rechistar la decisión numeraria del personaje en cuestión y acataban las mismas. Casi a finales de los años cuarenta llegaron a la pantalla del cine de Guía, películas bastantes escandalosas para los momentos que vivíamos, tales como Gilda, con Rita Hayword y Glen Ford, Bedelía, Las Zapatillas Rojas, Casablanca, etc., que Sasito puntuó de manera determinante con un 4. Decir al respecto que la gente de mi pueblo no se tomo muy al pie de la letra este número fatídico y los llenazos en el cine fueron de los que hacen historia.

Sasito marcó sin lugar a dudas una página grandilocuente dentro de la historiografía de Guía, era un personaje singular, cariñoso, afectivo y cuando salíamos del Colegio nos reuníamos con el en la plaza Chica, donde nos contaba las batallas más inverosímiles de cuanto había leído aquel día.

El poder de convocatoria de Sasito

Los pequeños y los jóvenes le teníamos un gran apreció y lo pasábamos muy bien junto a el, pese a sus limitaciones era una verdadera enciclopedia, consecuencia lógica de ser una persona que siempre estaba leyendo, aunque lo que leyera no tuviera connotaciones literarias de gran relevancia. Le recuerdo muy bien sobre todo aquella risita burlona que a veces empleaba. Cuando nos reuníamos para jugar a “pincha la uva” el nos hacía de “partenaire”, sentado en su banco preferido sostenía entre sus pies al primero de la fila, ni que decir tiene que cuando alguno de nosotros nos caíamos hacía fiesta y se reía con una sinceridad pasmosa.

Sin lugar a dudas Sasito debe figurar con luz propia entre los personajes populares de nuestro amado pueblo por las grandes virtudes que les revestían ya que fue un gran protector y consejero de todos los niños y jóvenes que a el nos acercábamos. Me ha emocionado sinceramente recordarlo, pero de verdad que me he sentado bien así hacerlo.

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Juan Dávila-García

jocdavila@yahoo.es

Julio 2006.

 

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